Carta del Párroco | Domingo de la Divina Misericordia

Posted on abril 10, 2026 View all Carta del Párroco

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Seguimos viviendo la alegría de la Pascua, porque la Resurrección del Señor no se celebra solo un día, sino durante toda la cincuentena pascual. La Iglesia, como una madre sabia, nos hace contemplar en este segundo domingo de Pascua un aspecto muy concreto del misterio de la Resurrección: la Misericordia de Dios. Por eso, este domingo es llamado también Domingo de la Divina Misericordia.

Desde el punto de vista histórico, esta fiesta fue promovida por Santa Faustina Kowalska, una religiosa polaca a quien Jesús se le apareció en varias ocasiones en la década de 1930 y le pidió que se difundiera en la Iglesia la devoción a su Divina Misericordia. En su diario espiritual, Santa Faustina relata que Jesús deseaba que el segundo domingo de Pascua se dedicara de manera especial a recordar que el fruto de su Pasión, Muerte y Resurrección es precisamente la misericordia para los pecadores. Años más tarde, San Juan Pablo II, gran devoto de la Divina Misericordia, estableció oficialmente esta fiesta para toda la Iglesia en el año 2000, el día de la canonización de Santa Faustina.

Pero esta fiesta no es algo añadido artificialmente al tiempo pascual; en realidad, está profundamente unida al Evangelio que la Iglesia proclama este día. El Evangelio siempre nos presenta la aparición de Jesús resucitado a los apóstoles en el Cenáculo, cuando les muestra sus llagas y les dice: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así también los envío yo… Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20, 21-23).

Este Evangelio nos muestra que el primer regalo de Cristo resucitado a la Iglesia no fue un discurso, ni una organización, ni una estructura, sino el perdón de los pecados, es decir, la misericordia. La Resurrección tiene como finalidad que el pecado sea perdonado, que el hombre vuelva a Dios, que las heridas del corazón sean sanadas. Por eso, la Divina Misericordia no es una devoción más entre muchas; es el corazón mismo del Evangelio.

En este mismo Evangelio aparece también Santo Tomás, que duda, que no cree, que necesita ver para creer. Y Jesús no lo rechaza por su duda, sino que sale a su encuentro, le muestra sus llagas y lo lleva a la fe. Esto también es misericordia: Dios no se cansa de buscarnos, no se cansa de perdonarnos, no se cansa de darnos otra oportunidad. Como decía el Papa Francisco: Dios nunca se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Espiritualmente, este domingo nos recuerda algo muy importante: el cristiano es alguien que vive de la misericordia de Dios. Vivimos porque Dios nos perdona, porque Dios tiene paciencia con nosotros, porque Dios siempre nos da la oportunidad de comenzar de nuevo.

Quisiera también recordarles que, aunque la Cuaresma ya ha terminado, nuestra Campaña Cuaresmal del Obispo (BLA) todavía no ha llegado a su meta. Les agradezco profundamente a todos los que ya hicieron su compromiso y su donación. Invito de manera especial a todos aquellos que hicieron un compromiso y aún no lo han cumplido, que por favor lo hagan en estas semanas. Y también invito a quienes todavía no han participado, que consideren hacer una donación, aunque sea pequeña. Lo importante no es la cantidad, sino la generosidad del corazón. Si todos participamos, podremos alcanzar la meta como parroquia.

Que Jesús Misericordioso bendiga sus familias, sus trabajos, sus preocupaciones y sus alegrías, y que nunca olvidemos confiar en su misericordia infinita.

En Cristo Resucitado,

P. Díaz