Posted on julio 30, 2025 View all Carta del Párroco
Queridos parroquianos:
La semana pasada toqué algunos puntos básicos sobre la recepción de la Eucaristía; hoy quiero hablar un poco sobre la modestia y el respeto al estar en el templo y participar en la Santa Misa,
La modestia en el templo y el respeto a la Santa Misa son expresiones visibles del amor y la fe que profesamos. Cuando entramos a una iglesia, no estamos en un lugar cualquiera: estamos en la casa de Dios, en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Por eso, nuestra manera de vestir, comportarnos y participar debe reflejar reverencia, humildad y gratitud. La modestia no se trata solo de cubrir el cuerpo, sino de reconocer que lo sagrado merece lo mejor de nosotros. Vestirnos con decoro para la Misa es una forma de decir con nuestra presencia que sabemos ante Quién estamos. Esto implica evitar ropa provocativa, escotes, faldas o pantalones muy cortos o ajustados, camisetas con mensajes inapropiados o prendas demasiado informales. Tampoco es necesario vestirse con lujo; basta con hacerlo con dignidad, limpieza y respeto.
Por respeto y reverencia a Dios, real y verdaderamente presente en la iglesia: “¡Tributen al SEÑOR la gloria que merece su Nombre! Entren en su presencia; adórenlo con vestiduras sagradas” (1 Crón 16,29). Para evitar ser una distracción, tentación u ocasión de tropiezo para quienes nos rodean: “El vestido del cuerpo no debe desacreditar el bien del alma” (San Cipriano de Cartago). El Catecismo de la Iglesia Católica aconseja: “Para prepararse para una recepción digna [de la Sagrada Comunión]… la actitud corporal (gestos, vestimenta) debe expresar el respeto, la solemnidad y el gozo de este momento en que Cristo se convierte en nuestro huésped” (#1387). “La modestia es decencia. Inspira la elección del vestido… Es discreta” (#2522). Y también: “Educar la modestia a los niños y adolescentes supone despertar en ellos el respeto por la persona humana” (#2524).
Pero la modestia no se limita a la ropa. También abarca nuestro comportamiento dentro del templo: guardar silencio, evitar conversaciones innecesarias, no masticar chicle, apagar el celular y adoptar una actitud de recogimiento. La Misa no es un espectáculo ni una reunión social; es el momento más sagrado de nuestra semana: el mismo sacrificio de Cristo en la cruz hecho presente sacramentalmente. Llegar puntualmente, o mejor aún, unos minutos antes, nos permite prepararnos en oración. Participar con atención, escuchar la Palabra, responder con fe, cantar con devoción y respetar las posturas litúrgicas (de pie, sentados, de rodillas) son señales de que comprendemos la importancia de lo que allí sucede.
Recibir la Sagrada Comunión es un momento sublime: no se puede hacer de cualquier manera ni con el alma distraída o en pecado. Por eso, es importante confesarse regularmente y comulgar con reverencia, sabiendo que no recibimos un símbolo, sino al mismo Jesús. En resumen, la modestia en el templo y el respeto a la Misa son una catequesis viva: con nuestro cuerpo y conducta enseñamos a los demás, especialmente a los más pequeños, que Dios merece lo mejor. No es cuestión de reglas frías, sino de amor. Quien ama, honra. Quien cree, respeta. Y quien entiende el don inmenso de la Eucaristía lo expresa con todo su ser.
Finalmente, agradezco a todos los que están apoyando los preparativos de nuestro festival de verano. Algunos ya han devuelto los tickets vendidos, y poco a poco vamos viendo los resultados.
Les invito a que participen en esta rifa parroquial; al mismo tiempo, les pido que nos ayuden como voluntarios el día del festival. En las fines de semana que faltan para el festival miembros del personal estarán vendiendo tickets tanto de la rifa como para la comida y las actividades del festival. Si no han recibido sus tickets, háganoslo saber y con gusto se los enviaremos.
Gracias por su apoyo, los tengo en mis oraciones.
P. Alex