Queridos hermanos y hermanas:
Este otoño, los ciudadanos de Virginia seremos llamados a tomar una decisión de profunda trascendencia moral. En las elecciones de noviembre se someterán a votación dos propuestas de enmienda a la Constitución estatal relacionadas con la llamada libertad reproductiva y con la definición legal del matrimonio.
No se trata simplemente de preferencias partidistas. Estas propuestas afectan verdades fundamentales sobre la persona humana: la dignidad de la vida inocente y la naturaleza del matrimonio y la familia. Si fueran incorporadas a la Constitución de Virginia, serían extraordinariamente difíciles de revertir.
La Sagrada Escritura nos recuerda: «Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno de mi madre» (Sal 139,13). Toda vida humana es sagrada desde la concepción hasta la muerte natural, porque procede de Dios. Su dignidad no depende de su edad, salud, capacidades o circunstancias. El papa León XIV ha reafirmado que el primero de todos los derechos humanos es el derecho a la vida, porque sin él ningún otro derecho puede ejercerse. Por eso, una sociedad justa debe proteger especialmente al niño por nacer, el más pequeño y vulnerable. Cristo nos dice: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40).
Según el análisis de la Diócesis de Arlington, la enmienda sobre la llamada libertad reproductiva pondría en peligro la vida de los niños por nacer, eliminaría importantes normas destinadas a proteger la salud y seguridad de las mujeres y limitaría el derecho de los padres a intervenir en decisiones trascendentales relacionadas con sus hijos menores. Frente a un embarazo difícil, la respuesta cristiana debe ser siempre acoger, acompañar y ofrecer ayuda concreta, protegiendo con el mismo amor y dedicación tanto a la madre como a su hijo. Votar a favor de esta enmienda es votar en contra de vida, un cristiano jamás debe apoyar ninguna legislación que vaya en contra de lo establecido por Dios.
También la dignidad y el respeto al matrimonio están en peligro. También la Iglesia enseña que toda persona debe ser tratada con respeto, compasión y dignidad. Sin embargo, respetar a cada persona no exige modificar la verdad del matrimonio, o ser permisivos en todo lo que la sociedad se le ocurra que es correcto, o lo que es peor cambiar la dirección correcta de lo establecido. El matrimonio no es solamente un contrato creado por el Estado. Es una realidad natural fundada en la unión estable y complementaria de un hombre y una mujer, ordenada al bien de los esposos y a la generación y educación de los hijos, es una institución creada y fundada por Dios.
Defender la verdad del matrimonio nunca justifica el odio o el desprecio. Sin embargo, respetar a cada persona no exige adoptar una definición legal del matrimonio contraria a su naturaleza. Tal redefinición debilitaría su significado público y podría favorecer prácticas, como la maternidad subrogada comercial, que convierten la gestación y al niño en objetos de un acuerdo contractual.
Los católicos pueden mantener opiniones distintas sobre muchas políticas públicas que requieren juicios prudenciales. Sin embargo, la protección de la vida inocente y la naturaleza del matrimonio corresponden a bienes objetivos que exigen una respuesta moral coherente.
Los invito a orar, estudiar cuidadosamente las propuestas y formar su conciencia a la luz de la Palabra de Dios y de la enseñanza de la Iglesia. Como católicos, votamos “no” a estas enmiendas propuestas. Reconocemos que, si se aprueban, estas enmiendas consagrarían errores objetivos en la Constitución de Virginia y revertirían principios básicos de justicia, dañando gravemente la dignidad esencial de las personas y la naturaleza del matrimonio y la familia. Estos son asuntos de verdad fundamental sobre la persona humana.
Nuestro obispo Michael Burbidge, y la oficina de defensa de la vida han publicado orientación sobre estas enmiendas, disponible en arlingtondiocese.org/es/vote.
Participemos responsablemente, siempre con verdad y caridad, sin despreciar a quienes piensan de manera diferente, pero con la valentía necesaria para defender la vida humana, el matrimonio y la familia.
Que María Santísima, Madre de la Vida y Reina de los apóstoles, nos conceda sabiduría y fortaleza.
Con mis oraciones y bendición,
P. Diaz

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