Carta del Párroco | Vigésimo primer Domingo del Tiempo Ordinario

Posted on agosto 21, 2026 View all Carta del Párroco

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús. 

Espero que cada uno de ustedes y sus familias se encuentren bien, fortalecidos por la gracia de Dios y animados por la alegría de pertenecer a esta comunidad parroquial. Cada domingo, el Señor nos reúne como una sola familia para alimentarnos con su Palabra y con la Eucaristía, renovar nuestra fe y continuar caminando juntos como discípulos suyos.

En el Evangelio de este domingo, Jesús dirige a sus discípulos una pregunta profundamente personal: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro responde con fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt.16, 15-16). Esta confesión no nace solamente de su inteligencia, sino de un corazón abierto a la gracia de Dios. Por eso, Cristo le confía una misión y le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt.16, 18).

La misma pregunta que Jesús hizo a sus discípulos continúa resonando hoy en nuestra vida: ¿Quién es Cristo para nosotros? No basta conocerlo de nombre; estamos llamados a reconocerlo como Señor, confiar plenamente en Él y manifestar nuestra fe mediante nuestras acciones. Cuando Cristo ocupa el centro de nuestra vida, también nosotros nos convertimos en piedras vivas de su Iglesia y colaboradores en la construcción de una comunidad firme, unida y llena de esperanza.

Cambiando de tema,  quiero aprovechar esta oportunidad para expresar mi sincero agradecimiento a todos los parroquianos que realizaron su donación a la Campaña Cuaresmal del Obispo. Gracias a su generosidad, esfuerzo y compromiso, nuestra parroquia logró alcanzar la meta establecida. En nombre de nuestro obispo, y también en el mío propio, les agradezco profundamente sus aportes. Cada donación, grande o pequeña, es una expresión concreta de comunión con nuestra Iglesia diocesana y permite continuar muchas obras de evangelización, educación, formación y caridad.

Y cómo no mencionar, con profunda gratitud, el gran éxito de nuestro sexto Festival Parroquial. Gracias a todos los voluntarios, coordinadores, líderes de ministerios, familias y patrocinadores que hicieron posible esta hermosa celebración. El festival fue un testimonio tangible de todo lo que podemos lograr cuando trabajamos unidos, dejamos de lado los intereses personales y buscamos sinceramente el bien común y el crecimiento de nuestra comunidad.

Más allá de los frutos económicos —que ciertamente ayudan al sostenimiento y desarrollo de nuestras obras parroquiales—, este festival nos ha dejado también una profunda huella espiritual. Hemos crecido en fraternidad, sentido de pertenencia y alegría comunitaria. Nos hemos reído juntos, nos hemos ayudado mutuamente y hemos compartido como verdaderos hermanos y hermanas. Eso, queridos hermanos, no tiene precio. Este es el verdadero rostro de la Iglesia: una familia unida por la fe, fortalecida por el amor y dispuesta siempre al servicio.

Agradezco de todo corazón a quienes ofrecieron su tiempo, talento, esfuerzo, oración y generosidad. A las empresas y negocios que nos apoyaron mediante sus patrocinios, que Dios les recompense y multiplique abundantemente su generosidad. A cada voluntario, tanto a quienes estuvieron al frente como a quienes sirvieron silenciosamente, gracias por haber dado lo mejor de sí.

En la carta de la próxima semana compartiré algunos detalles adicionales sobre el festival y ofreceré un agradecimiento más personalizado a los grupos, ministerios y personas que hicieron posible esta hermosa obra. Pero desde ahora, reciban todos mi sincero afecto, mi gratitud y mi bendición.

Que nuestra profesión de fe en Jesucristo no se quede solamente en palabras, sino que se manifieste en una vida de servicio, generosidad y comunión. Sigamos construyendo juntos nuestra parroquia sobre la roca firme que es Cristo, para que seamos siempre una Iglesia viva, alegre y unida.

Con cariño y gratitud en Cristo,

P. Díaz